Han transcurrido 36 años desde que creamos la Asociación y levantamos el edificio de Hontanar. No fue fácil, pero treinta y cinco años después seguimos perseverando, recordando con nostalgia aquellos divertidos y comprometidos momentos para aunar y trabajar activamente por nuestro pueblo.

    Antes de que existiera la Asociación Cultural Hontanar y el edificio que constituye su sede, una serie de personas (unas que vivían en el pueblo y otras que habían nacido o se habían criado en él o simplemente que se sentían unidos al pueblo por ser el de sus padres) decidieron impulsar la realización de diversas actividades recreativo-culturales que sirvieran para entretener a todas las personas del pueblo interesadas: niños, jóvenes, ancianos, etc.
Como no disponíamos de un lugar para poder realizar todas estas actividades, utilizamos los pocos locales de que podíamos disponer. En concreto, para proyectas películas y dar charlas, utilizamos lo que habían sido las antiguas escuelas y que después pasó a ser la vivienda del farmacéutico.
Lo de las Fiestas era más difícil. Al no disponer de un local donde hacer baile, los jóvenes del pueblo se encargaron de gestionar lo que había sido uno de los antiguos bailes del pueblo, el de Juanillo “el Sacristán”. Años después, la cosa se puso peor y, para las fiestas, no nos quedó más remedio que utilizar las gorrineras que nos dejó Esteban Sanz, el antiguo panadero. Era el único local que reunía condiciones, de los que se pusieron a nuestra disposición; local que sería conocido poco después como la “Gorrinoteca”. Para adecentarlo, con la ayuda del tío Esteban, tuvimos que sacar los gorrinos, limpiar las cuadras, echar zotal para las pulgas, blanquear, instalar el equipo de música, comprar las bebidas y hacer de chicos y chicas de barra. Sin esa iniciativa no habría habido un lugar para bailar.

    Como estábamos cansados de tener todos los años la misma cantinela, decidimos impulsar la creación de una sede donde pudiésemos realizar todas esas actividades y donde pudiésemos divertirnos sin tener que salir todas las noches en peregrinación por las discotecas de los pueblos. De esa manera, allá por el mes de abril de 1.979, empezó a funcionar lo que en 1.980 se constituyó y pasó a ser la Asociación Cultural Hontanar.
Para poder formar parte de la asociación, acordamos aportar 5.000 pesetas por persona. Así fueron aproximadamente 300 personas las que se hicieron socios en aquellos momentos, con lo que conseguimos reunir más de un millón de pesetas (de los de entonces). A continuación nos pusimos a buscar el edificio en el que ubicar la sede de HONTANAR. A tal fin nos pusimos en contacto con los miembros de la Cooperativa para comprar la casa que había sido su sede (la casa de la tía Ángela y el tío Atilano).


    Después de existir un compromiso verbal de los miembros de la cooperativa con nosotros para comprar la casa por 1.500.000 pesetas, éstos se volvieron atrás por entender que tenían más derecho para la compra los propios miembros de la Cooperativa.
Ante éste y otros fracasos, el Ayuntamiento se ofreció a cedernos 150 m2 del terreno de uso comunal de las Eras de Juan de la Hoz, que ellos mismos se encargaron de medir y acotar. Previamente, los socios de Hontanar decidieron por votación no insistir en la compra de la casa de la Cooperativa y aceptar el solar del Ayuntamiento.

    A partir de ese momento, además de socios, todo el pueblo se puso a colaborar en la construcción del edificio: quitando piedras, cavando cimientos... Como la tarea nos superaba, decidimos encargar el proyecto, que gratuitamente redactó el arquitecto D. Antonio González Navata, a Clavijo, que entonces estaba con una cuadrilla de albañiles en el pueblo. Como el proyecto era muy ambicioso y nosotros no teníamos tanto dinero, hubo que pedir un préstamo de 1.000.000 pesetas, quedando el proyecto inicial en un modesto y funcional Centro Recreativo Cultural.
Como necesitábamos más dinero para pagar el préstamo y otros préstamos personales que se hicieron por algunos hijos del pueblo, la Asociación se dedicó a vender durante varios años, además de la lotería de las Fiestas, un especial para pagar la construcción del edificio.
Durante el verano (después de estar construido HONTANAR y con objeto de mejorar sus instalaciones, pagar el préstamo y cumplir los objetivos que nos habíamos propuesto), nos dedicamos durante varios años a organizar fiestas que nos permitieran obtener el dinero suficiente. Fue el esfuerzo de muchos socios de HONTANAR, que a lo largo de varios veranos dedicaron gran parte de su tiempo de vacaciones a atender la barra, poner música, fregar el local, etc. como se llevó a cabo nuestro proyecto. La parte de arriba se dividió, quedando la mitad de la planta para sala de juegos y reuniones y la otra mitad se subdividió en sala de proyección de cine y biblioteca.

    Se trató de una iniciativa espontánea y colectiva de la que participaron tanto los vecinos como los alustantinos en el exilio (no tuvieron más remedio que emigrar), además de amigos y vecinos de los pueblos de al lado, llenos de ilusión por llenar de vida social, cultural y de ambiente al pueblo, según consta en el Acta de Constitución de la Asociación, de 13 de enero de 1.980: “Considerando las especiales circunstancias y la situación crítica, debido a la progresiva despoblación de nuestro pueblo, señalamos como último fin de esta Asociación: integrar tanto a los naturales como a los oriundos; a los residentes como a los emigrantes; a los que permanecen en el pueblo como a los que por diversos motivos se encuentran fuera, a través de actividades recreativas y culturales, que tiendan a la animación cultural y desarrollo social de nuestro pueblo”. Acta ratificada por la primera Junta Directiva de Hontanar constituida por: Agustín Lafuente, Fco. José Sanz Sánchez, Jesús Herranz Pérez, Ana Lorente Lorente, Juan Carlos Esteban Lorente, Carmelo Herranz Catalán, María Jesús Pérez Sánchez y Alejandro Lorente Pérez.
 

    Esta idea, que fundamentalmente fue impulsada por la gente joven, se vio respaldada inmediatamente por los más mayores, interesados en evitar que estas energías se perdieran en un continuo peregrinar de pueblo en pueblo (a partir de estos momentos, Alustante se convirtió durante varios años en el centro de diversión e interés de la zona).

 

Lo peor que puede ocurrir a un pueblo, a una gente, es que no cante, que no hable, que no grite, que no berree si llega el caso –decíamos en nuestro editorial del número extraordinario de la revista, que recopiló el primer año de ésta-, porque un pueblo mudo es un pueblo que no existe.
Es necesario hablar, que los demás hablen de uno, que todos hablemos de nosotros mismos. Todo, desde aquellas croniquillas que la gente del pueblo, hasta los resultados de las elecciones; desde las protestas del estado de las carreteras, hasta la creación de la Sociedad de Cazadores; desde los programas de fiestas veraniegas, hasta la historia de los alustantinos ilustres; desde aquellos diccionarios de expresiones populares, hasta aquellas letras de canciones antiguas; desde los remedios y ungüentos caseros, hasta los reportajes de la Sierra de Molina; desde los artículos sobre sexo, televisión, escuela, centrales nucleares, conflictos de generaciones, tercera edad, hasta las poesías de mesa camilla que se publicaron... Todo obedeció a la misma razón: subsistir, luchar contra el vacío, salir del túnel oscuro, vencer el peligro de la desaparición como comunidad.
   

    La tarea no fue fácil. Después de muchos números –con aquella periodicidad mensual- quedamos abatidos. Pese a todo los que hicimos posible HONTANAR nos sentimos orgullosos, como algo que nos marcó toda la vida, pudiendo desarrollar a través de aquel medio de comunicación esa creatividad reprimida que todos llevamos dentro (editorial de Fran).

 

    A lo largo de estos años, se realizaron actividades como éstas:
- Proyección de películas.
- Charlas y conferencias.
- Edición de la revista HONTANAR.
- Edición de programas y folletos sobre la historia de Alustante y del Señorío de Molina.
- Edición de carteles, pegatinas,....
- Concursos de pintura.
- Actividades deportivas.

    Además de estas actividades, el eje aglutinador de todo este esfuerzo fue, junto con la revista, las fiestas populares celebradas en el mes de agosto. Fiestas que se autofinanciaban en ese mismo día y que, además, generaban los beneficios que nos permitían pagar el préstamo y las mejoras del ocal, la financiación de las actividades culturales, etc.

    El día de la fiesta consistía:

Por la mañana:

- Actividades para los pequeños y mayores: títeres, teatro, pasacalles...
- Instalación de tenderetes de:
o Tontunas. En este tenderete se vendían todos los objetos de trabajos manuales que la gente joven había estado confeccionando a lo largo del verano: bolsos, muñecos, cuadros, pins,...
o Tenderetes dulce: rolletes, hojuelas, galletas, magdalenas, flores... y mistela.
o Tenderetes salado: tortillas, huevos de pobre, croquetas, albóndigas, pimientos asados, migas...
El objetivo de los tenderetes era –además de contribuir a crear un clima festivo, de fomentar la participación de todo el pueblo y de ser una fuente de ingresos-, sobre todo reivindicar y recuperar nuestra tradición gastronómica, abierta a incorporar la de los visitantes.

Por la tarde:

- Tenderetes de bocadillos: de lomo, de embutido, de fiambre...
- Actuaciones de grupos musicales: La Bullonera, Labordeta, Alquería, Ricardo Cantalapiedra, etc.

Por la noche:

- Cena popular a base de migas, chuletas, bocadillos, etc.
- Baile a cargo de un grupo musical del momento.
- Tenderete de quemaditos.

    Este proyecto, como todos los proyectos colectivos y de futuro, necesita de una continua renovación de material humano, renovación a la que no se sumaron las siguientes generaciones, con lo cual la actividad de HONTANAR fue decayendo hasta rebrotar en la actualidad.
 

    En 1.984, la Junta Directiva de la Asociación acordó ceder al Ayuntamiento la utilización de la parte de arriba del edificio por un periodo de diez años, prorrogable de común acuerdo de las partes. El acuerdo se fundamentaba en que la Consejería de Bienestar Social ofrecía al pueblo los servicios de un Asistente Social, junto con una subvención de 1.700.000 pesetas (que parece ser se invirtió en calefacción) si el Ayuntamiento disponía de un local donde esta persona pudiera ofrecer sus servicios y que, en estos momentos son: educación de adultos, asociación de mujeres, cursillos de manualidades, guardería... Al no disponer el Ayuntamiento de este local, HONTANAR no dudó un momento en ceder su uso gratuitamente para estos fines.
 

    En mayo de 1.985, se constituyó una Comisión Gestora para reanudar la vida de la Asociación y continuar con renovadas ilusiones la tarea interrumpida. Lo primero que hace es pedir la legalización de la propiedad del suelo al Ayuntamiento, que después de quince años aún no la había tramitado. Hacemos defensa y causa común de nuestro único bien social –el Centro Recreativo y Cultural-, pues no queremos que lo que con tanto esfuerzo nos costó pase a engrosar el patrimonio municipal del siglo XXI.
 

    Aún así ha sido posible renovar la cesión del uso para servicios sociales, compatible con nuestras actividades, de la planta de arriba, siempre que el Ayuntamiento nos cediese la plena propiedad y dominio del solar, para legalizar el edificio que construimos en 1.980, dando tantos servicios al pueblo.

    La Asociación Cultural Hontanar existe y pretendemos que exista más allá de este siglo como plataforma aglutinante de nuestro pasado, presente y futuro. La Junta Directiva queremos hacer no solamente cosas cara al verano, sino durante todo el año, que perduren y que animen a los Alustantinos que andan desperdigados por todas las ciudades a volver con más asiduidad al pueblo.
    Tenemos el deber moral –como socios y Junta Directiva- de luchar por lo nuestro, ser parte activa de este movimiento asociativo, preocupándonos especialmente por la conservación y difusión do sólo de nuestras tradiciones, paisaje o patrimonio histórico-artístico, sino por hacer cada vez cosas nuevas y diferentes.
Emprender una obra colectiva resulta difícil. El pequeño grupo pionero intenta transmitir las ideas que le hacen actuar de esa manera para ensanchar al grupo, para buscar nuevos brazos y nuevas gargantas que hagan posible las ilusiones y los sueños que llevamos dentro.
   

    Si los más jóvenes y los que aún son niños, a través o no de Hontanar Infantil, se integran y sienten la Asociación como propia, habremos asegurado no solo el necesario relevo generacional, sino que Alustante vuelva a recuperar la entidad que –como Asociación y como Pueblo- tuvo y queremos que tenga.